martes, 5 de noviembre de 2013

Las trampas del deseo. Capítulo 10

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martes, 29 de octubre de 2013

Las trampas del deseo. Capítulo 06

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martes, 7 de mayo de 2013

"Todo Vale" (parte 2 de 2)

(cont...)

Contra el racionalismo…

Feyerabend critica la concepción racional y sistemática que el común de las personas (y de los científicos) tienen del proceso de investigación científica. Uno de sus principales ataques es contra el racionalismo de Karl Popper, quien postula todo un esquema del “deber ser” de La Ciencia.

Popper dice: “debemos desechar inmediatamente aquellas teorías que tengan hechos factuales en contra”. Feyerabend responde: lo anterior no es posible, pues aún la teoría más refinada ha encontrado hechos que no concuerdan con ella, y no por ello se le rechaza, al contrario, se sigue teniendo “fe” en ella mientras se encuentra la forma de solucionar esta discrepancia con los hechos experimentales.

Popper dice: no es válido “remendar” las teorías científicas para que concuerden con los hechos del mundo que las contradicen. En otras palabras, las hipótesis ad hoc no pueden ser utilizadas. Feyerabend responde: todas las teorías científicas para poder seguir existiendo como tales, tarde o temprano, necesitarán hipótesis adicionales. Y eso no implica que dejen de ser válidas.

Popper dice: “lo que distingue a la ciencia de otras disciplinas, es la contrastación que hace de las propuestas propuestas teóricas con los hechos experimentales. Feyerabend responde: No es posible tal contrastación, pues para visualizar los hechos experimentales es necesario tener de antemano una visión teórica que nos indique qué cosas podemos considerar “hechos” y cuáles no.

Lo anterior nos lleva a concluir que las teorías son incontrastables, pues desde el principio descalifican aquellos argumentos que pueden refutarlas. O lo que es lo mismo, no es posible hacer la separación sujeto‑objeto propuesta por el realismo.

Popper dice: “la base del progreso científico es el avance del conocimiento, pues una nueva teoría siempre es mejor que la anterior, al resolver más problemas que su antecesora, incluyendo los que ésta explicaba”. Feyerabend responde: primero, para comparar dos teorías es necesario que “hablen el mismo idioma” (conceptualmente hablando), pero esto no siempre es posible.

Lo anterior se debe a la inconmesurabilidad de unas teorías con otras; esto nos lleva a la conclusión de que no importa si la teoría “X” es más o menos cercana a la realidad que la teoría “Y”. Lo fundamental es que sean congruentes consigo mismas en su lógica interna. La teoría que elijamos enarbolar queda a nuestra discreción, pues si la argumentación ha dejado de ser el criterio  de comparación entre las diversas posibilidades, ¿qué otros criterios vamos a aplicar? Respuesta: El Estético, el que más nos guste, dice el autor. Por tanto, si la religión o los cuentos de hadas son congruentes consigo mismos, de acuerdo a las leyes de su propia lógica (no necesariamente las de la lógica formal) son tan válidos como sistemas explicativos del cosmos.



…y a favor del Humanismo.

            La preocupación fundamental del pensamiento Feyerabendiano gravita en torno al peligro de alienación que puede significar la ciencia para el espíritu humano. Teme que el paradigma lógico‑sistemático del proceso científico desborde sus límites como medio para conocer el mundo y se convierta en un fin en sí mismo, como futura guía del deber ser humano.

            El autor del libro reseñado hace notar que aunque la ciencia es producto de la actividad humana, no abarca toda la esfera de las potencialidades del ser humano. Nos advierte del peligro de restringir nuestras vidas a los principios que rigen la ciencia; nos recuerda la irracionalidad que nos caracteriza, así como aquellas pasiones que difícilmente pueden entrar en el ámbito de la ciencia. Le atemoriza la posibilidad de que la rigidez científica termine por castrar el espíritu humano, reduciéndolo a una mera tautología, estéril, de la cual no se puede obtener nada nuevo.