sábado, 27 de septiembre de 2014

La respuesta del Cosmos,

En el show bisnes se da mucho la superstición. Actores, productores, guionistas... todos deseando buena vibra y éxito para las novelas en las que se aventuran.
Por eso, cuando los ratings bajan, y los recursos mercadotécnicos se agotan, todavía queda una opción: recurrir a métodos basados en la fe, el poder de la mente, y la buena voluntad de los que participan.
Recuerdo cierta producción que llevó a cabo una ceremonia Krishna, donde con incienso y cánticos se buscó limpiar de malas energías el foro de grabación; pues la angustia de los ratings en picada comenzaba a mermar la autoestima del equipo.
Todos los presentes e involucrados en aquella telenovela, desde la gerencia hasta los de seguridad, pasando por los asistentes de producción y el área creativa, recibió su recarga de "energía positiva" al ritmo de The Beatles.
Y a los dos días de aquella linda y emotiva ceremonia, los ejecutivos de la empresa, de acuerdo a sus fríos y científicos análisis financieros nos informaron que teníamos 20 libretos para cerrar la historia, y que en tres semanas, se nos retiraba el foro.
La amarga lección que aprendimos en aquella ocasión fue "tienes todo el derecho de pedirle al cosmos con toda devoción lo que deseas... pero en su infinita sabiduría el universo te dará lo que realmente necesitas".
Tal vez nuestra petición sí fue escuchada por los cielos, y los elementos que obstruían el flujo energético de la armonía estelar eramos nosotros como producción.


L*s guionistas, también lloran".

Del otro lado de la pantalla, también se sufre, como en muchos otros oficios. A veces pienso que si no fuera por la mera vocación, nadie trabajaría en este bisne por mero dinero. ¿O de plano somos tan ambiciosos, tan soberbiamente apasionados en nuestros pequeños cotos de poder imaginarios?
Tenemos casos dignos de la vida real. Guionistas de TV que...
* Por dejar pasar el tiempo, adaptando novela tras novela, sin parar... Empiezan a llegar a la menopausia, no se han preñado y cuando se deciden a hacerlo, traen al mundo hijos con defectos congénitos.
* Amanecen sin vida con el control remoto de la TV en la mano, víctimas del rigor mortis por una sobredosis de Valium o Aderall (o una combinación de ambos).
* Han descuidado o de plano no se dieron tiempo para educar a sus hijos, y ahora tienen que mandarlos a campamentos militares en EUA para que "enderecen el camino".
* Sufren de un cansancio general tan al extremo que cuando se deciden a llevar una vida sana... se desmayan mientras nadan en el gimnasio y se ahogan.
* Se les comienza a quemar la retina después de tantas horas frente al monitor de la PC y tienen que usar escribientes para dictar sus libretos, pues ya no ven más allá de sus narices; aparte de que al salir a la calle siempre deben llevar un lazarillo o de menos, lentes obscuros.
Pero el show debe continuar, pues una vez al aire, la producción no se detiene; y menos si tu productor(a) es de los que les gusta ir modificando el argumento cada dos semanas, según el rating que se vaya obteniendo, de acuerdo con los dictámenes que vayan enviando el "Instituto Verificador de Gustos de las Audiencias"; y la compañía "Blindaje de Guiones A.C.".
Sí, los analistas del Instituto y la Compañía nos indican las "ventanas de oportunidad" para mejorar las telenovelas; pero a veces, sólo algunas veces, dan ganas de aventarse desde dichas ventanas.

sábado, 13 de septiembre de 2014

viernes, 12 de septiembre de 2014

Exclusividad.

Sí hay historias nuevas qué contar, novelas completas y terminadas en formato de guión, pero están resguardadas, blindadas; encadenadas y condenadas a no salir a la luz por los menos hasta dentro de 25 años. 

¿Por qué? Porque sus creadores han firmado un contrato de exclusividad con el corporativo, donde una de sus cláusulas, en la letras (no tan) pequeñas, especifica que los derechos de producción y explotación pasan a formar parte del banco de argumentos de La Fábrica.

Es como componer melodías que jamás serán escuchadas, pintar cuadros que nunca serán exhibidos al público. dramas que jamás serán representados. Y no es por mero egoísmo, es para prevenir que otras empresas no puedan tener acceso a ellas, ni puedan producirlas.

Sí, hay un lugar donde a los escritores les pagan medianamente bien para que desarrollen proyectos que jamás verán la luz; donde parte del precio moral que tienen que pagar los creativos a su vez... será permitir que les pongan grilletes y mordazas a sus retoños literarios y que nunca, nunca puedan dejar escuchar su voz.

Al menos, no en esta generación de televidentes.




Una vez nos tocó trabajar con un original argentino.

Sigamos hablando de las adaptaciones. Una vez nos tocó trabajar con un original argentino. 

Llegó un momento en que la presión de grabación, ya con el programa al aire, la productora asociada amenazó al escritor con utilizar los libretos argentinos si no le mandaba YA los libretos "mexicanizados". 

Para salir del bache, su servidor diseñó un macro de Word (sí, los originales estaban en ese formato) para cambiar los nombres, algunas expresiones coloquiales, "vos" por "tú", "vosotros" por "ustedes", etc.

Eso alivianó un poco a los escritores, pero aún así, al haber eliminado ciertas anécdotas, poco a poco nos tuvimos que olvidar del original por lo que el equipo literario tuvo que crear nuevas tramas.

O sea, que más o menos a la mitad de la novela mexicana, ya no había NADA que se pudiera utilizar del original (lo que implica un pago desperdiciado en la empresa, por pagar derechos de autor de TODA la novela para los argentinos).

La pregunta que nunca hice fue: si cada vez que se compran los derechos de una novela extranjera, se termina escribiendo una totalmente nueva... ¿por qué empeñarse en adquirir lo "ya probado", o lo que fue "un hitazo" en otras latitudes, en vez de empezar de cero con un original, escrito por talento nacional?




lunes, 8 de septiembre de 2014

Refritos al fin y al cabo.

Adaptaciones. Versiones Libres. Remakes. Llámenlos como quieran, refritos al fin y al cabo de la Gran Sartén. Lo importante es que se hagan con calidad y acordes a los tiempos actuales.

Recuerdo que hace 12 años se adaptó una novela colombiana, donde en un episodio entraban unos sicarios a una escuela preparatoria. La guionista en jefe se puso histérica, gritando al teléfono "¡Los niños, la sangre, balazos...! ¡Noooo, la juventud no debe ver eso!" Y se suprimió toda esa sub trama pues, según la escritora "Eso no pasaba en México".

Hoy con tristeza, tomo conciencia de que en la actualidad, esa escena ya ha sido superada con creces por la realidad mexicana. Ya no es posible ocultar la marejada de sangre y violencia, donde los adolescentes corren tras el sueño del traficante. 

¿Todavía quedan niños que quieran ser astronautas, médicos, bomberos? 

¿O es que ahora sólo aspiran a formar parte de las tropas de élite (de un bando u otro) y saber manejar armas sofisticadas, como si estuvieran dentro de un videojuego?


Sigamos hablando de las adaptaciones. Una vez nos tocó trabajar con un original argentino. 

Llegó un momento en que la presión de grabación, ya con el programa al aire, la productora asociada amenazó al escritor con utilizar los libretos argentinos si no le mandaba YA los libretos "mexicanizados". 

Para salir del bache, su servidor diseñó un macro de Word (sí, los originales estaban en ese formato) para cambiar los nombres, algunas expresiones coloquiales, "vos" por "tú", "vosotros" por "ustedes", etc. 

Eso alivianó un poco a los escritores, pero aún así, al haber eliminado ciertas anécdotas, poco a poco nos tuvimos que olvidar del original por lo que el equipo literario tuvo que crear nuevas tramas.

O sea, que más o menos a la mitad de la novela mexicana, ya no había NADA que se pudiera utilizar del original (lo que implica un pago desperdiciado en la empresa, por pagar derechos de autor de TODA la novela para los argentinos).

La pregunta que nunca hice fue: si cada vez que se compran los derechos de una novela extranjera, se termina escribiendo una totalmente nueva... ¿por qué empeñarse en adquirir lo "ya probado", o lo que fue "un hitazo" en otras latitudes, en vez de empezar de cero con un original, escrito por talento nacional?



Lo que le piden a cualquier editor.

Vigilar la coherencia y verosimilitud de una historia. Eso es lo que le piden a cualquier editor, de libros, revistas o guiones. En el caso de la TV, eso funciona exclente para las series, donde al menos tienes una semana para checar un libreto de una hora; pues se transmite un episodio a la semana.

En el caso de las telenovelas, el proceso cambia, pues salimos de lunes a viernes con un capítulo nuevo; y a veces a los escritores escriben lo que saben de temas en realidad no conocen, planteando lo que a su vez han visto en pelìculas. Retroalimentación pura.

La mayoría de las veces todo se arregla con una rápida verificación en el internet con una fuente confiable; pero no falta el guionista que te requiera "voluntariamente a fuerzas" que hables en persona con un doctor, albañil, psicòlogo, ingeniero, agente del MP, panadero, etc. 

Platicar en persona con los expertos no molesta, lo que frustra es que al final del día, ya viendo que la realidad no coincide con lo que necesita el argumento para avanzar, el guionista apele al famoso "tengo Licencia Literaria" (es como la de James Bond, charola impresa y todo; y te la restriegan en la cara) y desestime tu trabajo de investigación.

A fin de cuentas, te responden: "Vamos dirigido a un público clase D+, y C- con una escolaridad promedio de primero de secundaria, ¿quién podría notar la coincidencia entre "casualidad" y "causalidad"?

Así, tuve que dejar de lado el rigorismo fáctico para centrarme más en los contenidos emocionales del argumento; no vaya a ser que pase lo que a una gran escritora, cuyo productor entró en la histeria al ver que Bob Esponja le ganaba en rating a su novela.

¿Qué fue lo que pasó? Que la escritora, buscando verosimilitud, buscaba cierto tipo de arácnido que pudiera transmitirle una enfermedad a la protagónica... pero la paciencia se le acabó al productor, y despidió a la guionista.

- ¿Por qué me quitas la novela? - preguntó ella.

- ¡Porque en tu historia no veo amor, sólo hay arañas! - respondió él.


Todo depende de la convención dramática que se establezca desde el planteamiento de la historia, y del pacto implícito con el publico en la denominada "suspensión de la incredulidad". Si vamos a ver una película de Alfred Hitchcock ya tenemos una idea de universo narrativo al que vamos a jugar imaginariamente, su genialidad en parte era de partir de lo cotidiano y de repente zas, al misterio y la intriga. Pero en algunas telenovelas empezamos con ciertas "leyes" de cómo se rige dicho mundo y luego los guionistas las rompían por mera laxitud, y se notaba.